Cuando se acerca el final del año se suele hacer balance de como ha transcurrido, si pensamos en nuestra agricultura, como todos hemos podido sufrir de un modo u otro, este 2018 podríamos decir que no ha sido un año bueno, más bien malo, realmente malo, pero hay que pensar en positivo, solo quedan unos días para que termine.

Haciendo memoria del 2018, podemos recordar que durante los primeros trimestres hemos sufrido de una sequía bastante alta, como consecuencia de ello, el campo ha tenido una falta de nutrición radicular alta. Y como se suele decir, nunca llueve a gusto de todos, hacia el mes de julio, agosto, cambiaron las cosas. Se produjo un exceso de agua, lo que provocó una lixiviación del suelo (en serio que existe esa palabra).

Si tenemos en cuenta todo lo transcurrido, y basándonos en los análisis realizados en varios cultivos, como el almendro y el olivo, la actuación para el 2019 sería acondicionar el suelo de nutricionalmente, aportando los elementos que han sido arrastrados por la lixiviación mediante una aportación equilibrada de nutrientes de acuerdo a nuestro cultivo y sin olvidarnos de nuestra economía ya que dentro de nuestras posibilidades siempre habrán varias opciones disponibles.

Este año es importante que tengamos en cuenta que los árboles han sufrido por defecto y exceso de agua, y ahora más que otros años, necesitan de los nutrientes que han perdido para volver a estar en plena producción y conseguir las cosechas que todos deseamos.